Una crisis económica heredada por su antecesor, el escándalo de los papeles de Pandora que lo salpica, la galopante inseguridad en las calles y el creciente descontento de grupos sociales conjugan una especie de bomba de relojería que el presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, intenta desactivar.

Con apenas cinco meses en el poder, Lasso ha empezado a sufrir el rigor del mandato, sobre todo en el último mes, cuando asomaron todas las amenazas juntas.

La aparición de los llamados papeles de Pandora, con él como uno de los implicados, abonó el camino para que la oposición pusiera la mirada en su pasado tributario y en el destino de esas inversiones depositadas en paraísos fiscales fuera de su país.

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