El Real Madrid firmó un nuevo triunfo agónico, con incertidumbre hasta el último suspiro cuando Toni Kroos evitó sobre la línea de gol el empate de un Rayo que nunca le perdió la cara al partido, que sirve al cuadro blanco para enmendar su mala dinámica liguera, en un Santiago Bernabéu que no disfruta con un equipo que acabó pidiendo la hora.

La respuesta que exigía la afición de un Bernabéu frío, por momentos desangelado por la falta de ánimo desde unas gradas en obras, la encontraron a medias en una plantilla que respondió de inicio al toque de atención pero volvió a cerrar un partido con una buena dosis de sufrimiento.

Los silbidos a un triunfo muestran el descontento por la manera de gestionar un partido, no solo por la falta de brillantez. El Real Madrid nunca fue de dar un paso atrás tras marcar. Lo del Shakhtar no se repitió ante el Rayo. Siempre quiso más pero sintió impotencia por la falta de definición.

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