La primera casa propia de Maradona, ubicada en el barrio porteño de La Paternal, no sólo esconde objetos míticos del Pelusa.

Subiendo por las escaleras, en el piso superior, se encuentra un pequeño santuario, decorado con cuadros, zapatillas de fútbol y hasta un altar con fotografías.

“Algunos católicos se persignan, hemos visto gente arrodillada, quebrarse… La verdad es que son momentos que se viven muy fuertes por Diego”, señala César Pérez, curador de una vivienda-museo que es punto de peregrinación para los “feligreses” maradonianos.

Esta casa no es el único templo donde se dedican oraciones al exfutbolista: miles de murales y cientos de altares pueblan las ciudades de Argentina, un país donde millones de personas han elevado a Diego Maradona a la condición de “santo popular”, de cuyo fallecimiento se cumple un año.

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